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Ensayo breve sobre la Historia

¿Qué sería lo primero que pensaría si me invitaran a hablar de Historia? Que me sabe a pudín de menta y chocolate, porque la menta me abre las vías respiratorias hasta el mismísimo cielo y el chocolate me envicia sin control alguno. ¡Ay, suspiro! La Historia me seduce, me amedrenta, me enamora, me maltrata… y no tengo más remedio que reconocer el poderío de su existencia. La historia de los últimos nueve años de mi país la he tenido que vivir de bien lejos, devorando noticias que aparecen a borbotones en la Web, llamando por teléfono a mi madre para corroborar datos, verificar fechas, almacenar hechos. Eso de que ojos que no ven, corazón que no siente es una pamplina mayúscula cuando se trata de historia. No puedo sino concederle a mis compatriotas que están en la Patria, la ventaja de la ubicuidad: ell@s están allá, yo estoy aquí, pero soy tan boliviana como ell@s y desde donde estoy lo proclamo. Me niego a resumir la historia de mi país en un par de líneas, sería impuro; pero me ...

Ensayo breve sobre la tristeza

Cuando luchamos para que las pequeñas y las grandes tristezas que nos acechan no se conviertan en un presente constante que nos nubla la mirada y nos achica el corazón, recurrimos usualmente a las lágrimas que no son otra cosa que tristezas en estado líquido que se expulsan por lo ojos. En otros casos nos construimos en el alma un cuartito secreto repleto de tristezas y al que acudimos a veces voluntariamente para sentirnos un poco solos y un poco vivos, porque las tristezas son manojos de sentimientos que en cierto momento nos permitieron hacernos un poco más humanos, un poco más sensibles y un poco más miedosos. Una tristeza no nos hace valientes, una tristeza nos insinúa con diplomacia lo débiles que podemos llegar a ser, lo vulnerable que se presenta nuestro corazón ante un hecho doloroso e irremediable como la muerte, lo implacable que es la realidad y lo desastrosos que pueden verse sus encantos cuando no llevamos puestos los cristales de la mentira. Cuando pienso en mis...

El viaje

Viernes 12 de febrero de 2010 La última nevada del invierno ha caído hoy sobre las grises calles de Karlsruhe… sigue cayendo. Desde el fondo de mi corazón deseo que de verdad sea la última, porque a pesar de que mis hijos han disfrutado de la nieve con sus juegos y sus dulces ocurrencias, nos hace falta ver y sentir los rayos del sol. Desde que llegamos no hemos visto el color del cielo, no sabemos si por encima de la opaca cobija que lo cubre, el azul infinito que nos llenó las pupilas día a día en nuestros Sures se expande también en Europa. Del maravilloso viaje que concluimos hace exactamente una semana nos quedan todavía vivos recuerdos, sobre todo impresiones, sensaciones, sentimientos. Han sido dos meses inolvidables e intensos. Hemos recorrido pedacitos de dos países inmensamente bellos y añorados, hemos recogido de cada encuentro y reencuentro con las personas que queremos y extrañamos un puñado de cariños y afectos que nos hacen falta en la frialdad del primer mundo, este cap...

En procura de recuperar mi puño y letra de los 90: De reflexión a reflexión

De aquí me sale, del mismísimo corazón, éste que tan maltrecho se me hace en ocasiones diversas y de locura extrema, de ceguera difícil y parpadeo candente. Me declaro dispuesta a amar, me declaro en armas frente a la vida y de pie en medio de mi circunstancia. Me supongo amada, pero no por el amor que se traza entre los hombres y por sobre ellos, me suponga amada por la vida, seducida por su energía oculta, mágica verdad. Ya hice promesas de última lágrima mundana, del llanto que se hace vacío, sin recorrido ni recurrente, ahora milito con el llanto de la existencia, pero de aquel que se hace de entrega, de reporte silencioso en camino de presente, de aquel que no teme amar, que no se limita, que es libre y sin embargo mío, sólo mío. La espera es un sendero sin atajo y por ello difícil; la búsqueda sin embargo, es el camino que circula, el que te marca la llaga y la huella, el que retrocede y te llama, y te enciende y te apaga. El manto que te cubre por debajo, las plantas d...

Microintentos

Hatí, Chile 2010 Aquí vinimos a descansar, a escondernos de la culpa, de la vergüenza de la infidelidad. Y el descanso se tornó tragedia, porque ni bien me asomé a tus labios, la tierra comenzó a temblar y mis manos se desprendieron de mis brazos y tus labios se cayeron de tu boca. ¡Qué poco me faltó para besarte! Para atrapar tu lengua con mis dientes, para derramarte de sueños en mi cama. Pero la tierra comenzó a temblar… de mis ojos saltaron como canicas agitadas mis pupilas y tu garganta disparó un suspiro que pegándome en la frente me anunciaba el final. Domingos - Por cierto, ¿hoy es domingo? - No, los domingos se terminaron ayer. Divino martes –Entonces es martes, seguro, por lógica. Dijo Dios con su divina e irrebatible lógica y su solitario y todopoderoso monólogo universal de la creación. Y así creó Dios el lunes y por lógica, el martes. Y Dios vio que el martes era bueno, pero Satán ardiendo de cólera, escupió su azufrosa ponzoña y lo maldijo… –Entonces en martes “ni te case...

Lamentos de invierno

Tengo semanas –no exagero– de no poder sentir ningún olor, ningún sabor, nada. No puedo disfrutar ni lo que como, cocino por cocinar y sazono por intuición. Lo que hago es pasarme las horas limpiándome los mocos que han hecho de mi nariz una triste e inútil cueva embadurnada, pero tampoco salen, ¡no salen!, ¡no salen! Me la paso comprando pañuelitos desechables y para evitar el aburrimiento por repetición, los compro en cajitas de diversos colores, con diseños, con aromas, sin olores, infantiles, triple hoja, irrompibles. Por las noches me echo gotas y me destapo las fosas y entonces respiro, es un alivio por algunas horas. Despierto otra vez con el estreñimiento nasal y como no quiero hacerme adicta al gotero, me paso el día soportando valientemente el bloqueo nasal. La voz me sale gangosa o ronca, de fondo. La siento atrapada entre oreja y oreja, gutural. Los ataques de tos me dan –por su puesto– sólo en lugares públicos y bien concurridos. Ya ni vergüenza me dan. Me paso el...

Tegucigalpa: recuerdos de democracia

Llegué a Tegucigalpa al amanecer de un día de octubre. El frío de las alturas paceñas se hizo vago recuerdo cuando la primera ráfaga de calor sofocante me dio la bienvenida en el aeropuerto. Empapada de sudor y de curiosidad por conocer la capital hondureña tomé mi maleta y me detuve a esperar al médico que me recogería del aeropuerto para llevarme a mi hotel. Corría el año 99 y el número 24 de mi vida. No tuve que esperar mucho hasta que la figura afable y hospitalaria del doctor Galvez se acercó a saludarme extendiéndome la mano y una sonrisa que me hicieron sentir bienvenida. Era mi primer viaje internacional como consultora de comunicación en salud y sin duda uno de los más reveladores de la realidad centroamericana. La consultoría que se me había encargado no duraría más que dos semanas, así que no había mucho tiempo que perder. Después de dejar mi valija y mi cansancio de viaje en el hotel, el doctor Galvez me llevó al Centro de Salud en el que desarrollaría la investigación. All...