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La nieve

  En Oruro, mi ciudad natal, no caía nieve con frecuencia. Por eso, cada vez que sucedía, era un acontecimiento especial y único. Tengo recuerdos entrañables de la plaza principal llena de jóvenes y niños jugando con bolas de nieve y de gente mayor disfrutando de un paisaje que muy pocas veces se veía. Era todo diversión y risas. Los tejados blancos y los árboles envejecidos duraban apenas lo que un día. Solo el frío se quedaba, fiel centinela de la tierra orureña. ❄️ En casa, una vez, mamá dejó caer la nieve en un recipiente y luego le puso leche condensada: el mejor helado de la vida. Así lo hacía también mi abuela con ella y todos sus hermanos cuando era chica. ❄️ La nevada que jamás olvidaré fue la que experimenté hace 24 años en el Salar de Uyuni, justo cuando pasábamos por el árbol de piedra. La blancura perpetua del salar se vio de pronto eclipsada por la de la nieve. No podía verse el suelo y los copos que caían del cielo parecían una lluvia de plu...

Diario de la nueva normalidad - Mis agendas

Era 1993 cuando utilicé una agenda por primera vez. Es un recuerdo nítido porque fue el año que comencé a estudiar en la universidad. Todavía puedo ver en mi memoria cómo era esa agenda, la textura de su tapa y los colores de los bolígrafos que utilizaba para anotar los exámenes y el esfuerzo que hacía en escribir una letra clara y redonda. Ese fue el inicio y no hubo vuelta atrás. Desde entonces, siempre en diciembre, me ocupo de buscar una agenda que me guste y esto, créanme, puede ser una tarea titánica. Al final de cuentas se trata de una compañera dispuesta para 365 días y si no reúne todo lo que me agrada, la búsqueda puede extenderse más de lo deseado. Eso o que me encuentre frente a la difícil tarea de tener que escoger solo una. Alguna vez me animé a tener dos, pero no, qué va, me fue imposible escindir mi cotidianidad en dos registros paralelos, no tenía sentido.   Después de haber escrito por años un diario personal, la agenda se convirtió en un excelente soporte para ...

La niña muñeca de navidad

La historia que está a punto de empezar no puede llegar a un final… La ciudad de este cuento se llama Sociedad, es grande, inmensa, llena de ruido, de luces, de movimiento y ahora más porque es Navidad. Las vitrinas, ¡qué colores y cuántos juguetes! Y en el ajetreo de la gente una pequeña niña de tan solo ocho años tenía la carita rajada y sus pequeñas manitos estaban sucias y resquebrajadas. Ella no entiende lo que pasa solo sabe que el cesto de dulces que lleva debe estar vacío antes de llegar a casa y de pronto un empujón: —¡Retira niña! ¿No ves que tengo prisa? Y siguió así, caminando a duras penas, porque los zapatos tan pequeños que llevaba puestos le apretaban los dedos. —¡Que incómodo! —se decía —Sería mejor sacárselos. Empezaba ya a caer la tarde y la metrópoli despertaba a su vida nocturna entre luces de neón y chillones bocinazos. La pequeña en su andar se paró frente a una gran vitrina, completamente iluminada con destellantes estrellitas ...

La horrenda ojosaura primitiva - Día 5

      La horrenda ojosaura primitiva soy yo   Metamorfosis en la pupila En el humor acuoso que crepita En las brasas enfurecidas Desapego de las pieles del alma Cuando me carcome la ira Cuando me desnudo de calmas de parsimonias hipócritas de paciencias odiosas de absurdas contemplaciones que buscan mi derrota   Proviene desde el útero El estallido del nombre Ojosaura primitiva   Primitiva Existencia primaria Origen repleto de tormentas Nada puedo ver Todo me atormenta Me sacude Me envenena   Horrenda, primitiva Apogeo de carnes Decadencia de olvidos El silencio es un arma que amenaza mi delirio   Principio y fin Continuum de efímeros destellos Abismos que devoran Asombros amputados Soy como una fiera en la mira del condenado   Génesis y apocalipsis Pecados         atroces Confesiones perversas Penitencias inservib...

Bálsamo alemán

Ilustración de Regina Gómez Elías. El 2 de diciembre de 2019 amaneció con una tenue llovizna. Desperté a las 3 de la mañana, cansada. Me levanté. Me vestí y desperté a mis hijos. Las maletas estaban listas y esperaban impávidas en el pasillo de la casa. Eran seis valijas grandes y pesadas. Junto a ellas resaltaba la inmensa jaula de Zeus y dentro de ella dormía el cuadrúpedo negro y peludo que había llegado a nuestras vidas el 9 de marzo de aquel mismo año.  Después de todo, había llegado el momento de partir. Revisé los pasajes, los pasaportes y las autorizaciones de viaje. A las 4 llamó el taxista. Él y el chofer de la camioneta que había contratado para subir al aeropuerto de El Alto nos esperaban en la puerta. Una vez más volví a dejar el departamento de mi mamá para salir de viaje. Tragué saliva y apreté los párpados para no echarme a llorar, para no abrazarme a los recuerdos que escondidos en todas las esquinas me miraban sin parar. Las maletas estaban listas y esperaban...

En el bosque - Día 4

  ¡Slap! ¡Slap! ¡Slap! Mis pasos se asientan sobre el universo de hojas caídas Abundancia de otoño que se desploma desde arriba ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! Suspiros precipitados Silencios frustrados ¡Cloc! ¡Cloc! ¡Cloc! Lamentos de humedad Gotitas clandestinas desafiando a la soledad No doy un paso sin escuchar los susurros de los animales que me acechan al pasar Trinos nítidos como tintineos de aguja, Graznidos roncos como chillidos de bruja Siseos bulliciosos de culebrillas cantarinas Gruñidos potentes de venados en vigilia ¡Crac! ¡Crac! ¡Crac! El crujir de mis suelas sobre las hojitas secas Explosiones de sonidos que no alcanzo a localizar Solo el viento ulula desde su altura Soplando su libertad ---  Consigna :  Desde Chile, la poeta  Julieta Marchant  propone la consigna de hoy: escribir un poema basado en el sentido del oído, evitando recurrir a imágenes visuales.

Lo que era ya no es - Día 3

Puedo entender que quieras estar sola, que busques la excusa que te aleje, que quieras pintarte de invisible con tu crayola, con tal de que tu aire se despeje. Pero me niego a contemplarte deshabitada.   Sin tener una esperanza amarrada. Vacía como una mañana envenenada. Lo que era ya no es. Ni será. Pero todavía hay motivos para no gangrenar. En cada minuto se esconde una razón para continuar. Apelo a mi memoria, A cada rebanada de nuestra historia. Recuerdo mi tristeza interrumpida con tu rotunda alegría; con tus ocurrencias de estampida. No importa lo que hagas o el lugar en el que te escondas, para explorarte apelo a mi sinrazón a tu silueta hecha de vértigos y de ondas a los más ceñidos egoísmos de mi corazón. Y repito: Lo que era ya no es. Ni será. Pero jamás se irá. --- Consigna:    Para el ejercicio de poesía de hoy, el poeta argentino  Ezequiel Zaidenwerg  propone crear un poema con rima donde la rima no esté us...