miércoles, 30 de junio de 2010

Ensayo breve sobre la Historia

¿Qué sería lo primero que pensaría si me invitaran a hablar de Historia? Que me sabe a pudín de menta y chocolate, porque la menta me abre las vías respiratorias hasta el mismísimo cielo y el chocolate me envicia sin control alguno.

¡Ay, suspiro! La Historia me seduce, me amedrenta, me enamora, me maltrata… y no tengo más remedio que reconocer el poderío de su existencia. La historia de los últimos nueve años de mi país la he tenido que vivir de bien lejos, devorando noticias que aparecen a borbotones en la Web, llamando por teléfono a mi madre para corroborar datos, verificar fechas, almacenar hechos. Eso de que ojos que no ven, corazón que no siente es una pamplina mayúscula cuando se trata de historia.

No puedo sino concederle a mis compatriotas que están en la Patria, la ventaja de la ubicuidad: ell@s están allá, yo estoy aquí, pero soy tan boliviana como ell@s y desde donde estoy lo proclamo. Me niego a resumir la historia de mi país en un par de líneas, sería impuro; pero me tienta salvajemente decir que la nuestra es una historia de despojos a colores, de egoísmos ancestrales y arrogancias grotescas y monstruosas; sin embargo creo que en los últimos diez años el país ha remontado ciertos retrasos que nos hacían ver siempre el mismo y endeble norte, el mismo rosario de quejas y sinvergüenzas en el poder. Se han desempolvado también otros muchos rezagos que tanto nos hunden como nos inmovilizan. Pero estoy convencida de que se trata de otra Bolivia, con otros protagonistas y un guión que sigue a ciegas –en muchas escenas–al verdugo de la improvisación… ¡es cierto!, es así y con todo, no puedo sino abrir más los ojos y creer que todo esto está pasando de verdad en el país, que al fin ha cambiado algo, que el Evo está donde está muy a pesar de los “doctorcitos” y los blancoides de siempre.

He aquí mi ventaja de ubicuidad: la imagen de Bolivia desde afuera ha dejado de ser la postal de la llamita blanca y el indiecito “paspado” y poto pelado ante la majestuosa imagen del Illimani; Bolivia no es sólo la chompa a rayas del Evo; aquí se habla de Bolivia y no sólo para comentar una catástrofe medioambiental o la Masacre de Porvenir, Bolivia ha empezado a existir con nombre propio y una polémica sugerente, así… haciendo historia de la que vale, se siente y se defiende.

lunes, 7 de junio de 2010

Ensayo breve sobre la tristeza


Cuando luchamos para que las pequeñas y las grandes tristezas que nos acechan no se conviertan en un presente constante que nos nubla la mirada y nos achica el corazón, recurrimos usualmente a las lágrimas que no son otra cosa que tristezas en estado líquido que se expulsan por lo ojos. En otros casos nos construimos en el alma un cuartito secreto repleto de tristezas y al que acudimos a veces voluntariamente para sentirnos un poco solos y un poco vivos, porque las tristezas son manojos de sentimientos que en cierto momento nos permitieron hacernos un poco más humanos, un poco más sensibles y un poco más miedosos.

Una tristeza no nos hace valientes, una tristeza nos insinúa con diplomacia lo débiles que podemos llegar a ser, lo vulnerable que se presenta nuestro corazón ante un hecho doloroso e irremediable como la muerte, lo implacable que es la realidad y lo desastrosos que pueden verse sus encantos cuando no llevamos puestos los cristales de la mentira.

Cuando pienso en mis tristezas, me pongo triste… cuando las reviso, se me escapan los recuerdos y las lágrimas y termino siempre rodeada de ese miedo odioso que nunca sé cómo superar; ese miedo del que no puedo hablar con nadie por un segundo miedo aún más grande a ser la protagonista de una tristeza aún sin engendrar. ¡Ay, suspiro! No es tan complicado como parece y al mismo tiempo no es tan sencillo como quisiera. Aquí se me traba la inspiración… revueltas como están mis tristezas en este momento de confesión, no puedo sino recordar las que en los últimos años me han dejado una huella de verdad bien profunda, una marquita chillona que acomodo en orden alfabético junto a otras allí, en el único estante amarillo que decora mi cuartito secreto de las tristezas… sólo dos nombres, entiéndase dos ausencias, para después volver a cerrar la puerta de este cuartito tan insoportable: Gaby (mayo 2010)… Teresa (junio 2009).
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